jueves, 8 de noviembre de 2012

HYBRIS

La palabra hybris se puede leer muy frecuentemente en tratados o ensayos de filosofía o literatura griega. Es la transcripción del griego ὑβρις (desmesura, todo lo que sobrepasa una justa medida, orgullo, soberbia). En la moral y la religión griegas no existe el concepto de pecado al estilo de la mentalidad judeocristiana. Sin embargo un principio que regula toda la ética griega es el concepto del término medio. Ni el amor ni el dolor ni las aspiraciones ni el poder ni cualquier otra cosa deben sobrepasar una medida razonable, lo que se expresa en la conocida máxima délfica μηδέν  αγαν (medén agan= "nada en exceso") que predica la moderación como principio de la vida. La hybris es pues algo que genera un desequilibrio y sobre todo que atrae la cólera de los dioses, siempre prestos a propiciar la ruina del que la muestra.

Generalmente la hybris es el tópico de toda la tragedia griega. El héroe sobrepasa las capacidades humanas y desarrolla unos sentimientos o unas aspiraciones desmedidas en su actuación. La tragedia clásica contrapone a la hybris la sophrosynê (σωφροσύνη), esto es, la moderación que respeta los límites que se imponen al hombre.

Platón habla de la hybris en varias de sus obras: En Fedro, las Leyes y en Critias. En el Fedro, Platón afirma que existe un tipo de deseo que "atolondrada y desordenadamente nos tira hacia el placer, y llega a predominar en nosotros", y añade que a este impulso se le ha dado el nombre de hybris.En las Leyes, al explicar que los espartanos han desterrado de su país aquello que hace insensatos a los hombres, vuelve a nombrar la hybris junto a los placeres cuando afirma que, en Esparta, no se ven ni "banquetes ni cuantas otras cosas acompañan a éstos excitando a más no poder todos los deleites". Más adelante, en este mismo texto, vuelve a colocar la hybris entre aquellos estados que "embriagándonos por el placer nos hacen perder el sentido" y nos convierten en insensatos, para acabar calificando con este apelativo al "deseo de engendrar descendientes" cuando se convierte en una necesidad y apetito que abrasa y enloquece por completo a los hombres. Siguiendo a Platón, se podría afirmar que dicha hybris es un modo de actuar que está precedido por una ofuscación del pensamiento, que excita y embriaga los sentidos, y cuyo deseo de engendrar puede llevar a la locura. Por consiguiente, si quitamos del hombre el pensamiento y embriagamos sus sentidos, dejándole sólo el deseo de engendrar, no nos queda más que un animal excitado por uno de sus instintos.

Aristóteles habla extensamente de la hybris en su Poética. A menudo los héroes cometen hybris por no hacer lo que está previsto en el destino o moira, literalmente parte o porción del lote. En algún momento del desarrollo de la tragedia el héroe que ha cometido la hamartía (ἁμαρτία), que se puede traducir como error trágico, defecto, fallo o pecado, descubre su propio error. Ese reconocimiento del error se denomina en griego anagnórisis (αναγνώρισις) y tiene como consecuencia el cambio de suerte del protagonista o peripecia (περιπέτεια en griego y que en latín se transcribe como peripétia). La acción trágica se caracteriza por el cumplimiento de la peripecia, que Aristóteles describe como “la inversión de las cosas”; es decir, el cambio de la suerte en desgracia. Esta inversión se relaciona con el castigo merecido al cometer el exceso.

Fuentes principales: etimologías Chile y Carmen Trueba

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