miércoles, 20 de marzo de 2013

TOLERANCIA

La palabra tolerar proviene del latín tolerare . 
Y tolerare viene de tollere.

Tollere es levantar, física o figuradamente. Tanto levar anclas o izar la bandera como subir el ánimo o levantar un clamor. También puede tener la acepción, más acorde con lo que se podría entender como tolerancia, de retirar, detener o eliminar una prohibición, es decir, levantar la prohibición en cuestión posibilitando de hecho la acción ilícita.

Tolerare viene a significar sostener, aguantar o resistir. También significa llevar o sobrellevar, tanto algo material como espiritual, llevar una carga o sobrellevar una pena o un sufrimiento. Se relaciona entonces con la tolerancia en cuanto que lo tolerado es siempre algo malo que hay que soportar.

La tolerancia implica una relación de poder. El que tolera tiene un poder real sobre el que es tolerado. Un policía de tráfico puede tolerar que no se cumpla la ley que obliga a los vehículos a circular a menos de 120 km./h, pero esto implica que tiene el poder real suficiente para no tolerarlo y ponernos una multa o llevarnos a la cárcel. Es decir, tiene el poder para obligarnos a cumplir la ley, pero también para levantar la prohibición, de acuerdo con el significado del término latino tollere. Sin embargo, el que dice no tolerar, como cuando en una discusión se afirma «no le tolero a usted decir eso», por ejemplo, no siempre tiene ese poder real. En este caso más que una acción intolerante lo que se manifiesta es un juicio de intenciones. Un sacerdote que declare no tolerar la relación homosexual de dos de sus feligreses sólo puede significar dos cosas: que por medio de la fuerza física, la persuasión, la coacción u otro procedimiento puede evitar esta unión, teniendo en este caso un poder real aunque sea ocasionalmente; o bien que aunque de hecho no puede evitarla piensa que debería poder evitarla ya sea por la gracia de Dios o por la ayuda del Estado, o por otro poder que viniese a sumársele.

Finalmente diremos que la tolerancia no es virtud. Siguiendo a Aristóteles, la virtud es una acción buena o conveniente que además es un habito. Es decir, la virtud es una buena costumbre. Por ejemplo, la generosidad es una virtud en la medida que consideramos que siempre es mejor ser generoso en relación con nuestros bienes materiales y espirituales que no serlo, y en la medida que efectivamente acostumbramos a comportarnos con generosidad. Pero no siempre es mejor ser tolerante que no serlo. Tolerar el incumplimiento de un precepto a veces puede ser bueno y otras malo, pero aun en el caso de que sea bueno esto no implica que sea bueno entonces ser tolerante con todos los preceptos y desde luego convertir esta tolerancia generalizada en una costumbre. Más bien esto sería nefasto para el que tolera.

Voltaire y otros filósofos ilustrados utilizan la palabra tolerancia en un sentido puramente religioso. Las religiones, y por ende la religión católica, (que piensan que poseen la verdad), deben ser tolerantes con otras religiones e incluso con los agnósticos, para evitar guerras entre ellas. Esto no es reconocer su veracidad sino comprometerse a no ejercer violencia contra ellas aún estando “equivocadas”

Fuente: “La ambigüedad del lenguaje político

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